EL PACIENTE Y SU ENFERMEDAD – Ajustándonos a los cambios del ciclo económico

Terminó el primer semestre del 2022, histórico en términos de retornos, en donde tuvimos el peor desempeño de las últimas 5 décadas. Para el cierre de junio los principales índices bursátiles, Dow Jones, S&P500, y Nasdaq acumulaban un desempeño en lo que va del año de -15,31%, -20,58% y -29.51% respectivamente. Por el lado de los instrumentos de renta fija, US Govt Bonds -10.57%, US Corporate -13.91%, High Yield -13,86% (https://www.wsj.com/market-data/bonds/benchmarks).


En este tipo de condiciones de mercado a la baja, o como se les conoce en inglés, un “bear market”, muy pocos inversionistas han podido desafiar la gravedad en sus portafolios. Tomando en consideración la dinámica actual (inflación global, políticas monetarias restrictivas, guerras, restricciones en las cadenas de valor global, entre otros) les hago un breve resumen de nuestra perspectiva de mercado para el resto de 2022.


ECONOMÍA MUNDIAL: CONTROLAR LA INFLACIÓN A TODA COSTA (i.e. La enfermedad)


Source: US Bureau of Labor Statistics

El problema principal que estamos experimentando a nivel global, y en específico, la economía de los EE. UU., es una alta inflación. Luego de una significativa inyección de liquidez por parte de gobierno durante el periodo de la pandemia y una política monetaria acomodaticia enfocada en reactivar la economía, hoy nos encontramos en una espiral inflacionaria que no habíamos experimentado desde hace más de 40 años. El índice de precios al consumidor (i.e CPI en sus siglas en inglés) de mayo 2022, cerró en +8.6%. Un claro síntoma de una economía recalentada.


La inflación, en términos médicos, es equivalente a un cáncer, por lo que es imperativo atenderla y controlarla. Cuando los precios de los servicios y productos comienzan a aumentar de manera consistente, la Reserva Federal está en la obligación de buscar desalentar esa dinámica inflacionaria utilizando sus herramientas a disposición. En específico, la Reserva Federal trata el problema a través del aumento de la tasa de interés. La tasa de interés es una palanca monetaria muy poderosa ya que tiene la capacidad de frenar el consumo interno de una economía.


Reducir la inflación no es tarea fácil, ciertos componentes (por ejemplo, el costo de la energía y alimentos) se nutren de factores externos y hacen que controlarla sea mucho más difícil. Hoy, eventos geopolíticos tales como la invasión de Rusia en Ucrania, la dependencia energética de Europa, la concentración en la producción de alimentos, el impacto en las cadenas de valor, China y su manejo del Covid-19, entre otros, hacen que el problema inflacionario se acentúe y extienda su efecto por mayor tiempo.


La inflación va a estar alta mientras estos factores internos y externos se mantengan vigentes, aunque con una tendencia a disminuir para finales de año. En grandes rasgos cuatro factores pueden ayudar a disminuir la inflación: 1) una desaceleración en el consumo impulsada por la Reserva Federal a través de sus políticas monetarias, 2) algún tipo de desenlace en la invasión de Rusia en Ucrania 3) iniciativas estratégicas por parte de los gobiernos enfocadas en reducir el precio de elementos inflacionarios tales como el precio del combustible, o el costo del transporte o 4) un shock económico global en muy corto plazo (i.e. recesión global). Para finales del 2022 uno podría esperar una reducción de la inflación de los Estados Unidos a niveles del 4 a 5%.


Protegerse de la inflación requiere entender el ciclo económico, sus causas y el poder de las políticas monetarias de los bancos centrales. Sectores económicos tales como "commodities", productos de consumo básico, energía, salud, y acciones de valor (i.e. value stocks) se van a ver favorecidos y/o menos castigados mientras que sectores de consumo discrecional, tecnología, bienes raíces, y empresas en crecimiento (i.e. growth stocks) van a ser los más desfavorecidos. También existen instrumentos diseñados para protegerse contra la inflación, tales como los bonos del tesoro indexados a la inflación (i.e. Treasury Inflation-Protected Securities) que pueden ayudar para minimizar el impacto sobre las carteras de inversión.


AUMENTO DE LA TASA DE INTERÉS Y REDUCCIÓN DEL BALANCE - Políticas Monetarias de la Reserva Federal (i.e. El tratamiento)

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La Reserva Federal tiene un mandato dual: mantener la estabilidad de precios y un buscar un máximo de empleo. En otras palabras, debe aplicar políticas monetarias con la finalidad de lograr las condiciones financieras necesarias para que ese mandato se cumpla. Para mayo 2022 la tasa de desempleo cerró en +3.6%, lo que en términos prácticos se traduce que la economía estadounidense está a máximo empleo, la mala noticia es que la inflación siguió subiendo, de +8.4% en abril a +8.6% en mayo.


El problema inflacionario refuerza el panorama de la Reserva Federal de buscar soluciones para atacar con todas las herramientas en su arsenal. Hoy, la Reserva Federal está utilizando dos: el incremento de la tasa de interés y la venta de activos acumulados en su balance. La primera con la intención de frenar el consumo y la segunda para reducir liquidez del efectivo disponible. En conjunto, tienen un efecto tectónico sobre la economía, dependiendo de la velocidad y fuerza de esos ajustes, el efecto puede ser, a manera figurativa, desde un leve temblor a un gran terremoto en la economía. En estos últimos seis meses hemos experimentado varios de estos movimientos con diferentes magnitudes.


Estas políticas monetarias son el equivalente al remedio para la enfermedad, pero tienen efectos secundarios importantes, desaceleran la economía. Entre más agresivo el tratamiento, mayor el potencial de frenar cualquier crecimiento económico, y he ahí el riesgo de una recesión.


Hoy, el escenario base que manejamos para los EE.UU. es de una estanflación económica (poco o sin crecimiento con inflación) pero mientras la inflación no ceda, el escenario de una recesión se hace cada vez más real y el mercado bursátil y de renta fija así lo ha estado incorporando en su valoración actual.


Desde mediados de marzo 2022, la Reserva Federal comenzó a implementar sus nuevas políticas monetarias restrictivas. A la fecha de hoy han subido la tasa de interés en tres ocasiones, cada vez de manera más agresiva, +0.25%, +0.50% y +0.75% para llevar la tasa actual a +1.50% y comenzarán un plan de ventas de $47.5 mil millones en activos (bonos del tesoro y activos respaldados por hipotecas) para frenar la inflación. Estas nuevas políticas monetarias son un cambio de 180 grados en comparación lo que venían haciendo hasta finales del año 2021.


Los efectos de estas nuevas políticas lo hemos sentido de manera dramática. A nivel de referencia, los tres índices principales Dow Jones, S&P500, y Nasdaq acumulaban un desempeño al cierre de Junio de -15,31%, -20,58% y -29.51% respectivamente. De igual manera, el mercado de renta fija (bonos) ha dejado de ser el lado “conservador” de los portafolios de inversión acumulando un desempeño de US Govt Bonds -10.57%, US Corporate -13.91%, High Yield -13,86%. Estos efectos en las carteras de inversión son un doloroso recordatorio del poder de la Reserva Federal en el uso de sus políticas monetarias cuando la inflación está descontrolada.


Para protegerse sobre los efectos de la subida de la tasa de interés es esencial entender el efecto del incremento de la tasa de interés sobre el valor de los activos. Los portafolios 60/40 que buscan tener un comportamiento moderado o conservador se ven hoy expuestos a nuevos riesgos. Es importante evaluar las posiciones de renta fija (bonos) y considerar si vale la pena o no mantenerlos a su madurez (va a depender mucho de la estrategia individual de cada portafolio) y por otro lado diversificar de manera selectiva en sectores económicos menos propensos a los riesgos asociados con la tasa de interés.


FACTORES GEOPOLÍTICOS Y SU IMPACTO EN LA ECONOMÍA MUNDIAL (i.e. Las complicaciones)


Photo by Max Kukurudziak on Unsplash

La invasión de Rusia a Ucrania, la dependencia energética de Europa con Rusia, las sanciones económicas a Rusia, los aumentos de casos de Covid-19 en China (que ha ocasionado ciudades enteras en “lockdown”), el aumento de precio de “commodities”, los altos costos de transporte, entre otros, han exacerbado los problemas existentes en las cadenas de suministro y enfatizado la naturaleza interconectada de la economía mundial, presentando nuevos riesgos y desafíos.


La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) prevé “que el crecimiento del PIB mundial se desacelere drásticamente este año, a alrededor del +3%, y se mantenga a un ritmo similar en 2023, muy por debajo del ritmo de recuperación proyectado en diciembre pasado (+4.5%). De igual manera, luego del último aumento de la tasa de interés de la Reserva Federal, Morgan Stanley actualizó sus expectativas de recesión en los EE. UU. con una probabilidad al 30% este año, y una probabilidad del 48% en un horizonte de dos años.


Estas lecturas tienen un claro mensaje, al menos que tengamos “suerte” en el camino, las condiciones económicas mundiales se seguirán deteriorando. Europa, es por lejos, la región más afectada dada su alta dependencia energética con Rusia, mientras que, las economías más débiles se verán afectadas dado los altos costos de alimentos y energía, en especial el continente africano.


La industria energética, alimentos básicos y ciertos tipos de “commodities” son los claros ganadores en este momento de incertidumbre y tensiones. Su resurgir va a ser en buena parte de naturaleza especulativa, pero dependiendo de cual largo pueda durar la invasión de Rusia a Ucrania y, se mantengan las presiones inflacionarias, estas industrias seguirán retomando notoriedad.


UN MAL MAYOR: RECESIÓN (i.e. El efecto secundario)


En términos económicos, una recesión se define como dos trimestres consecutivos de contracción del PIB (o producto interno bruto, en inglés, GDP) de la economía. Pero según la Oficina Nacional de Investigación Económica (NBER), una recesión es mucho más que eso, incluye un “una disminución significativa en la actividad económica que se extiende por toda la economía, que dura más de unos pocos meses, normalmente visible en el PIB real, el ingreso real, el empleo, la producción industrial y las ventas al por mayor y al por menor”. Una definición más flexible pero más compleja en su impacto.


Source: US Bureau of Economic Analysis

Las recesiones son consideradas como una parte inevitable del ciclo económico, que, por lo general, son momentos muy complejos y difíciles para la mayoría de las familias que dependen de un ingreso estable. También, empresas y negocios se ven confrontadas con menores ventas, mayores costos y potenciales bancarrotas.


La particularidad de nuestro momento es que, para bajar la galopante inflación, la Reserva Federal tiene que frenar la economía. Un claro ejemplo fue a finales de los años 70 y principios de los 80, cuando el presidente de la Reserva Federal, Paul Volcker (https://en.wikipedia.org/wiki/Paul_Volcker) liderizó un aumento dramático de la tasa de interés para frenar la inflación. En muy corto tiempo logró su objetivo, pero como consecuencia de la agresividad en las políticas monetarias de la Reserva Federal llevó la economía estadounidense a dos recesiones seguidas.


Hoy en día, y dado -lo tarde que comenzó a actuar la Reserva Federal- en controlar la inflación, el mercado está internalizando en sus escenarios una recesión en los próximos 6 a 12 meses. Una recesión puede ser una experiencia desagradable, pero, si hay algo positivo, es que las recesiones no duran para siempre.


Planificar de cara a una recesión requiere visualizar la estrategia de largo plazo y los objetivos de inversión. Poner en práctica inversiones más seguras, menos especulativas, evaluar la capacidad financiera y crediticia de empresas y tener paciencia. En un ambiente de recesión y subida de tasa de interés, las valoraciones de acciones y bonos se van a ver afectadas, pero no es momento de retirarse, es momento de proyectarse al futuro.

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